La irrefrenable tendencia a certificarlo todo nos invade desde hace mucho tiempo, necesitamos que nos reconozcan. Hasta tal punto llega la paranoia, que en un campeonato de petanca era requisito indispensable el nivel B1 para poder participar. Vamos, un filtro.

Algo parecido ocurre con los idiomas, sobre todo con el inglés, conseguir el B1 es el objetivo para muchas personas. A mi modo de ver, estas pruebas resultan frías, aburridas, injustas y, sobre todo, infructuosas; además, evaluar la manera de hablar en un momento puntual, me parece un despropósito. Parece que escudriñan y “analizan” nuestros pensamientos e ideas, no sé… me parece ridículo. Es mucho más bonito expresarse de manera natural, que se entienda por supuesto; pero con su acento, expresiones, detalles de humor y frescura, no como algo artificial y encorsetado.

En España esta obsesión llega a ser irritante y, por aquí, nos hemos contagiado de esa paranoia. En parte se entiende por la “titulitis” que tenemos, y que tanto nos gusta sacar a la luz a la menor oportunidad. Pero esto de ponerle número y letra al conocimiento de idiomas (y petanca) suena a guerra de las galaxias o al juego batalla naval; eso sí, muy técnico y académico. En mi opinión, estos títulos llevan bastantes años “verificando” nuestro nivel de idiomas, y después de ese tiempo, nuestra competencia oral (la esencial) sigue siendo floja. Creo que deberíamos centrarnos en enseñar la lengua para que sea útil, explicar bien y practicar frecuentemente; al mismo tiempo, hacerlo ameno, sencillo, bonito, atractivo y divertido, no un sufrimiento bajo una presión absurda. Me parece una pérdida de tiempo enseñarlo como asignatura.

Por cierto, el concursante de petanca acreditado quedó penúltimo en el torneo de la Siberia, y lo peor no fue eso, lo peor es que nadie del pueblo habló con él, no supo comunicarse, no tuvo empatía y le faltó naturalidad. Perdió una gran oportunidad para mejorar su nivel de petanca junto a los viejos del lugar que jugaban fuera de competición oficial y de mezclarse con gente buena y sencilla. Para colmo, no comió caldillo ni migas… y el whatsapp sin cobertura… Máca.

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